Todo comenzó en los bosques altos de Etiopía(antigua Abisinia). La leyenda cuenta que un joven pastor llamado Kaldi notó algo extraño: sus cabras, tras comer unas bayas rojas de un arbusto desconocido, empezaron a saltar y bailar con una energía inagotable. Kaldi probó las bayas y sintió el mismo chispazo. Llevó los frutos a un monje, quien al principio los tiró al fuego por "obra del demonio", pero el aroma que desprendieron los granos tostados fue tan celestial que decidieron preparar la primera infusión para aguantar las largas vigilias de oración.
Desde Etiopía, el café cruzó el Mar Rojo hacia Yemen. Allí, en el puerto de Moca , se convirtió en una industria. Los árabes protegían el café como un secreto de estado: estaba prohibido sacar granos fértiles del territorio para evitar que otros lo cultivaran.
Cuando el café llegó a Europa en el siglo XVII, fue recibido con sospecha. Algunos sacerdotes lo llamaron "la bebida amarga de Satanás". Sin embargo, el Papa Clemente VIII decidió probarlo antes de prohibirlo; le gustó tanto que dijo: "Esta bebida es tan deliciosa que sería un pecado dejar que solo los infieles la beban".
El café siempre ha sido una amenaza para el orden establecido porque hace pensar a la gente.
El café llegó a América de la mano de los franceses (específicamente a Martinica). Pero el gran impulso en EE. UU. ocurrió tras el Motín del Té de Boston. Beber té se volvió "antipatriótico", convirtiendo al café en la bebida de la libertad y la energía del nuevo mundo.
Hoy, el café es el segundo producto más comercializado del mundo, solo después del petróleo. Ha pasado de ser una medicina mística a una necesidad diaria, evolucionando en tres grandes olas: